Reducir el sobrepeso es mucho más que una cuestión estética. El tener unos “kilos de más” no tiene por qué suponer problemas, pero llegar a niveles que rozan la obesidad puede resultar peligroso, sobre todo si la grasa se encuentra acumulada en una determinada parte del cuerpo: el abdomen.
La grasa localizada en el abdomen, la grasa visceral, produce sustancias relacionadas con el control de la ingesta y el gasto calórico, la resistencia a la insulina y la inflamación (leptina, adiponectina, IL-6, etc.). Además, la grasa visceral es más difícil de eliminar que la grasa subcutánea. Todos estos factores convierten a la grasa visceral en un “depósito tóxico” que favorece la aparición de colesterol, hipertensión, diabetes, inflamación y, finalmente, enfermedades cardiovasculares que son una de las principales causas de muerte en el mundo occidental.
La grasa localizada en el abdomen, la grasa visceral, produce sustancias relacionadas con el control de la ingesta y el gasto calórico, la resistencia a la insulina y la inflamación (leptina, adiponectina, IL-6, etc.). Además, la grasa visceral es más difícil de eliminar que la grasa subcutánea. Todos estos factores convierten a la grasa visceral en un “depósito tóxico” que favorece la aparición de colesterol, hipertensión, diabetes, inflamación y, finalmente, enfermedades cardiovasculares que son una de las principales causas de muerte en el mundo occidental.
